
Cinco meses después del primer encuentro entre Albert Serra y Lisandro Alonso, la segunda edición de Cinèrgies, que tuvo lugar en el CCCB a finales de Septiembre, deparó agradables sorpresas para los asistentes. En primer lugar porque ni Isaki Lacuesta ni Naomi Kawase, los cineastas invitados en esta ocasión, figuraban entre los nombres que barajó Jordi Balló para futuros diálogos durante la presentación del ciclo. Pero también porque la propia estructura del evento varió considerablemente respecto a la de la primera edición y, pese a que se suprimió la jornada dedicada a que los cineastas programasen dos filmes que dialogaran con las propuestas del otro, en la mesa redonda del primer día se presentó la correspondencia filmada que los invitados habían concebido expresamente para este encuentro.
La considerable afluencia de público con la que contó esta edición no impidió que el diálogo entre Lacuesta y Kawase se desarrollase en un ambiente casi familiar, muy acorde a la concepción del cine que ambos cineastas defienden y ponen en práctica. El segundo día se sentaba a nuestro lado Makiko Matsumura, protagonista de La leyenda del tiempo (2006) y, durante la primera jornada, pudimos constatar como Kawase no apartaba la mirada de la primera fila donde se encontraba su hijo Mitsuki a quien los espectadores pudimos contemplar también en pantalla y por partida doble ya que aparece, con tres años de diferencia, tanto en Tarachime (2006) -donde Kawase registra su nacimiento- como en las dos cartas filmadas por la realizadora.
En esta correspondencia que, según Lacuesta, no parte tanto de las similitudes que puedan encontrarse en la obra de ambos sino que funciona más como el reflejo de la comunicación entre dos personas que no se conocen, el estilo depende del interlocutor al que te dirijes. Kawase, que veía el proyecto como una oportunidad de intercambiar sentimientos a partir de imágenes, afirmó que la primera carta de Isaki le pareció muy seria y viril mientras que con la segunda se dio cuenta de que debía reflexionar mucho para interpretar y entender su correspondencia.
Quizás estas impresiones de la realizadora japonesa dan cuenta, de un modo bastante sutil, de las diferencias más evidentes entre las misivas de ambos cineastas. La propia autora reconoció que su relación con el cine se sustenta en el deseo de observar el mundo que hay a su alrededor y que, para ella, la vida comienza a caminar por sí misma cuando la representa en la película. Lacuesta, por su parte, comentó que su acercamiento al cine no se debía tanto a la necesidad de contar historias como a la posibilidad única que éste le ofrecía de vivir una experiencia que no podría ser vivida de otro modo, razón por la cual otorga una gran importancia al proceso del rodaje y a sus consecuencias.
Sin embargo, pese a que los dos cineastas conciben el cine desde cierta idea de lo íntimo y de lo cotidiano, en la correspondencia de Kawase se advierte un tono mucho más espontáneo, más despreocupado y una relación más directa y fresca con lo filmado. En sus dos cartas Kawase interpela constantemente a las personas que aparecen en pantalla (familiares, colaboradores y amigos) y su yo bascula siempre entre el sujeto que filma y aquello filmado, entre lo vivido y lo registrado en la película, lo cual se erige en uno de los rasgos más característicos de su escritura en primera persona, algo que ella misma equiparó a la vivencia de dos vidas gemelas.
Las cartas de Lacuesta, en cambio, dejan entrever a un cineasta que trabaja desde una perspectiva más distanciada y reflexiva, desde un registro más estudiado y menos impulsivo que se apoya fuertemente en la voz en off para articular un discurso desde el exterior del plano y no desde esa dialéctica interior/exterior que define gran parte del cine Kawase. Pese a que en esta correspondencia la opción de Lacuesta transita entre el diario y el ensayo el director insistió en que no son éstas las únicas formas cinematográficas que reflejan a la persona que hay detrás ...seguir leyendo...
La considerable afluencia de público con la que contó esta edición no impidió que el diálogo entre Lacuesta y Kawase se desarrollase en un ambiente casi familiar, muy acorde a la concepción del cine que ambos cineastas defienden y ponen en práctica. El segundo día se sentaba a nuestro lado Makiko Matsumura, protagonista de La leyenda del tiempo (2006) y, durante la primera jornada, pudimos constatar como Kawase no apartaba la mirada de la primera fila donde se encontraba su hijo Mitsuki a quien los espectadores pudimos contemplar también en pantalla y por partida doble ya que aparece, con tres años de diferencia, tanto en Tarachime (2006) -donde Kawase registra su nacimiento- como en las dos cartas filmadas por la realizadora.
En esta correspondencia que, según Lacuesta, no parte tanto de las similitudes que puedan encontrarse en la obra de ambos sino que funciona más como el reflejo de la comunicación entre dos personas que no se conocen, el estilo depende del interlocutor al que te dirijes. Kawase, que veía el proyecto como una oportunidad de intercambiar sentimientos a partir de imágenes, afirmó que la primera carta de Isaki le pareció muy seria y viril mientras que con la segunda se dio cuenta de que debía reflexionar mucho para interpretar y entender su correspondencia.
Quizás estas impresiones de la realizadora japonesa dan cuenta, de un modo bastante sutil, de las diferencias más evidentes entre las misivas de ambos cineastas. La propia autora reconoció que su relación con el cine se sustenta en el deseo de observar el mundo que hay a su alrededor y que, para ella, la vida comienza a caminar por sí misma cuando la representa en la película. Lacuesta, por su parte, comentó que su acercamiento al cine no se debía tanto a la necesidad de contar historias como a la posibilidad única que éste le ofrecía de vivir una experiencia que no podría ser vivida de otro modo, razón por la cual otorga una gran importancia al proceso del rodaje y a sus consecuencias.
Sin embargo, pese a que los dos cineastas conciben el cine desde cierta idea de lo íntimo y de lo cotidiano, en la correspondencia de Kawase se advierte un tono mucho más espontáneo, más despreocupado y una relación más directa y fresca con lo filmado. En sus dos cartas Kawase interpela constantemente a las personas que aparecen en pantalla (familiares, colaboradores y amigos) y su yo bascula siempre entre el sujeto que filma y aquello filmado, entre lo vivido y lo registrado en la película, lo cual se erige en uno de los rasgos más característicos de su escritura en primera persona, algo que ella misma equiparó a la vivencia de dos vidas gemelas.
Las cartas de Lacuesta, en cambio, dejan entrever a un cineasta que trabaja desde una perspectiva más distanciada y reflexiva, desde un registro más estudiado y menos impulsivo que se apoya fuertemente en la voz en off para articular un discurso desde el exterior del plano y no desde esa dialéctica interior/exterior que define gran parte del cine Kawase. Pese a que en esta correspondencia la opción de Lacuesta transita entre el diario y el ensayo el director insistió en que no son éstas las únicas formas cinematográficas que reflejan a la persona que hay detrás ...seguir leyendo...

4 comentarios:
Qué pena no haber estado, sobre todo por Kawase.
¿Se sabe ya quién será el siguiente? ¿Guerín?
pues sí la verdad es que este cinèrgies estuvo muy bien. y en vista de que lo de kawase-lacuesta fue sorpresa total no sé si mantendrán los nombres anunciados o habrá más surprises.
Mis felicitaciones por esos ambiciosos "Paisajes para el nuevo milenio" en SHANGRI-LA.
Tomás
gracias! Y felicitaciones también para ti que no todos los días se hace una antreista así a Truman Capote :-)
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